Running New York “A como de lugar” (2013-recap)

Cuando yo no sabía nada de maratones (en mi pre-adolescencia), solo conocía de uno:  el Maratón de New York. Tenía la imagen televisiva de un mar de gente corriendo sobre un puente.

Verrazano, New York

Puente Verrazano, lugar de salida en el Maratón

Uno se propone la meta de correr un maratón, y uno se propone la meta de correr el Maratón de Nueva York. Porque “New York es New York”, y la mayoría tenemos algún vínculo con esa ciudad. Ya sea por familia o, quizás, por las tantas películas que hemos visto en ese escenario que lo sentimos nuestro.

Logré entrar al registro de esta carrera después de 4 años de intentos fallidos en la famosa lotería. ¡Al fin, llegó mi oportunidad! Nueva York sería mi segundo maratón para el cual me propuse mejorar mi marca realizada en Chicago, 4 años antes. Varias personas me advirtieron que Nueva York no era evento para buscar mejorar marca, pues la ruta no es plana, ni tan fácil. De todos modos, mi sueño era bajar el tiempo del primer maratón y entrené con disciplina para eso.

Pero, como muchos saben, en toda carrera importante de la vida, siempre aparecen obstáculos que enfrentar. Algunos más grandes, otros más pequeños, pero nos toca y punto; es parte de la vida. Por eso, correr un maratón, no se trata de correr y ya; se trata de vencer los obstáculos, y esa es nuestra mayor valentía.

Siempre pasan cosas fuera de nuestro control

El “weekend” antes de la carrera tuve una caída accidental (no fue corriendo). La misma me ocasionó heridas en la cadera, el antebrazo, un chichón en la cabeza y un moretón en una rodilla. Fue tremenda reventá. Eso me obligó a detenerme completamente y cuidar mis heridas para que no se infectaran. Este suceso inesperado me dio un “bajón” de ánimo, temor y ansiedad porque yo solo pensaba en mi gran maratón. Pensaba en los 5 meses que llevaba preparándome. Fue entonces que, con el apoyo de mis allegados, decidí frenar mi lamento y seguir con mi meta hasta lo último.

New York Marathon expo

Buscando el número en el expo del maratón

Ya estando en Nueva York, apareció otro posible obstáculo. Me tocó esa molestia que las mujeres vivimos mes a mes: La regla. La realidad es que me dio mucho dolor de menstruación desde la tarde antes de la carrera.  Por lo tanto, el día del gran evento, además del triple-antibiótico para mis heridas, me llevé unas pastillas de “acetaminophen” para controlar el dolor.

Amaneció el gran día

El 2013 fue un año muy marcado para la comunidad runner debido al lamentable atentado ocurrido en el Maratón de Boston. A consecuencia de ello, los organizadores de Nueva York (y otros maratones) tomaron la acción de triplicar la seguridad. Pasar por estos parámetros de seguridad era algo nuevo para todos. Confieso que me sentía muy impresionada pero a la vez muy especial por los respetos que nos brindaban en el trayecto al area de salida. Durante las horas de espera en la salida, tuve tanto frío que me encerré en un baño portátil por más de 40 minutos. Menos mal que ese baño no estaba usado (aun), o sea, estaba limpio y no apestaba. Si no fuera así, no hubiese aguantado. Ya cuando abrí la puerta para salir, había una “filita” de corredores para hacer lo que correspondía😝.

Llegó el momento de “New York, New York”

Llegó el momento de la verdad: La salida. Me llevé las pastillas de dolor en el bolsillito trasero del pantalón y decidí no llevar ningún gel que pudiera empeorar mi malestar. Solo tomaría el agua y bebida hidratante que proveyeran los oasis (y fue perfecto). Dieron el disparo y comencé a correr con todo el ánimo y la emoción que provoca este evento. Más cuando rompía record con mas de 50 mil participantes. Solo saber que yo estaba en ese puente abarrotado por miles de corredores coreando la canción de “New York, New York” que sonaba en altoparlantes.

El clima, la ruta, el público y mi ritmo iban en perfecta armonía hasta que comenzaron esas punzadas fuertes de dolor menstrual. El semblante de mi rostro se fue transformando. Rogaba porque mis familiares no vieran mi expresión de dolor. Realmente, nunca lograron encontrarme durante la carrera. Pasando por varios oasis, intenté sacar las pastillas pero no las encontraba, tampoco pensaba detenerme ni disminuir el paso. Luego de varios oasis, logré sacar una melcocha de las pastillas semi mojadas y me las tomé.

Puede resultar algo extraño y contradictorio pero el fuerte dolor no me causó debilidad ni me quitó fuerza. Podría decir que, al contrario, me hizo continuar con más firmeza que nunca. Posiblemente el dolor menstrual me distrajo de los otros dolores musculares; y de mis heridas ni me acordaba que existían. Desde la milla 15 hasta la milla 26, mi mente repetía un mismo coro, una y otra vez:

“mientras más rápido vaya, más rápido termino.”

De manera casi obsesiva, lo seguí repitiendo mientras las punzadas de dolor seguían constantes también.

La meta y lo aprendido

Mi segundo maratón fue el de New York 2013

La meta en el Maratón de New York

Durante varias millas, casualmente, estuve al lado de otro boricua y el público no paraba de gritarnos: Puerto Rico. Al entrar al famoso “Central Park” sentí una detonación de emociones. Había escuchado lo difícil de ese tramo final por las subidas y bajadas. Pero, más pudo la impresión del hermoso paisaje, y del exorbitante bullicio del público que casi nos movían con las ondas de sus gritos.

A su vez, entramos en caminos más estrechos y los corredores íbamos medio apretados como en desfile de carnaval.  Me sorprendió ver, más runners deteniéndose en la última milla que durante las 25 anteriores. Lo que quería era llevármelos arrastrados, y decirles: “Don’t Stop” que ya no queda nada.

La llegada a la meta de este maratón fue gloriosa; una sensación que no quisiera olvidar nunca. Ver a tantos corredores del Mundo tirándose al suelo dando gracias mientras cargaban con sus banderas y se abrazaban unos con otros.

Por mi parte, mejoré mi marca por 15 minutos, a tal punto que me logró cualificar para el Maratón de Boston. Esa tarde, la felicidad no cabía en mí, aunque el dolor de la regla seguía molestando, y tenía que curarme las heridas lastimadas.

Hay que reconocer que los obstáculos siempre aparecen pero no dejemos que el temor domine nuestra capacidad para vencer. En este evento viví dos escenarios a la misma vez: El primero fueron los golpes y el dolor; el segundo fue la alegría y belleza del evento.  Mi fuerza se centró en el segundo escenario. Esa es la decisión personal que cada quien puede tomar y aprender. Hay que seguir y demostrar que podemos más 💪🏼. Disfruta el evento, disfruta la ciudad y comparte las vivencias.

Tiempo neto: 3:26:52

Acerca de Nairi

¡Hola! Soy Nairi Ginés, atleta aficionada, exploradora innata, amante de la naturaleza y apasionada por vivir nuevas experiencias. Estas características me han guiado en la trayectoria personal y profesional de mi vida.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *